11/18/2011 12:10:00 PM |
Motero: Carlos A. García

Desde dos meses antes ya venía oyendo hablar a muchas personas, anónimas hasta ese momento, del Viejas Glorias Canarias. Reconozco que hice trampa, ya que llevo dos meses moviéndome por Gran Canaria en una Vespa que se parece a una clásica y por eso surgía el tema de conversación. Si te gusta algo encuentras a mucha gente con el mismo gusto y de ahí sale un rato de tertulia. También es cierto que les dejaba hablar a ellos, por supuesto que yo sé lo que era el Viejas Glorias, cada vez más. Pero quería saber, sin tener que ser yo el que hablara del evento, que piensan los aficionados a las clásicas y a las motos en general. Hubo de todo un poco, gente que tiene motos pero que les da algo de corte presentarse allí sin saber cómo serán recibidos, los hubo que sabían más del Viejas Glorias Canarias que la propia organización, ya que lo han seguido casi desde sus comienzos. Hasta algunos que desde niños ya iban con sus padres a ver las motos viejas como las que tuvo su abuelo.
Ese fin de semana dedicado a las motos, despierta en la gente muchos sentimientos y casi todos de nostalgia hacia ese vehículo de dos ruedas que para muchos es, incómodo, ruidoso, mal oliente y peligroso. Pero incomprensiblemente, para otros tantos, es sinónimo de liberación, adorable, capaz de hacer aflorar los sentimientos más bellos y motivo de unión entre personas de cualquier condición social…así son las “putas motos”, simplemente máquinas que quitan la vida en un instante o nos hacen felices para siempre... En fin.
La reunión más esperada por los canarios aficionados a las motos clásicas tuvo esta vez el marco que mejor le sienta, los pueblos o los municipios más modestos. Donde el Viejas Glorias se siente como en casa y de hecho es de donde procede. Ya lejos queda el tropiezo involuntario con la burocracia de la 18º edición que tuvo como escenario la capital y es que como se dijo en su momento “el Viejas Glorias engrandece a los municipios pequeños, pero los municipios grandes empequeñecen al Viejas Glorias”, imagino que por la incomprensión hacia los sentimientos básicos y simples que despierta en mundillo de la motocicleta.
Esta vez tocó en Santa Lucia, para mi uno de los pueblos más hermosos de Gran Canaria, donde siempre me seguirán llamando la atención sus olivos, de los cuales tengo un par de ellos plantados en Valle Jiménez, Tenerife.
La cita, como siempre, iba sobrada en camarería. Ya desde el viernes a primera hora de la mañana me estaba esperando, el que sin duda fue, mi compañero en todo el fin de semana y es que de manos de Roque Naranjo y mía estaba marcar el trial. Para nosotros fue todo un orgullo y un placer trabajar en el trial del Viejas Glorias, ya que sabemos que eso fue uno de los motivos que hizo que naciera, hace 19 años, esta concentración.
Creo que los amantes del trial tienen que pasar alguna vez por esta prueba, donde existe el trial en su estado puro, clásico, moderno, niños, amigos, risas, fiesta,…mucho de todo lo bueno se concentra ese día. Mucho habría que contar del resto de los números que estaban organizados para ese fin de semana, hubo mucho donde elegir. Por ejemplo, las carpas de los clubes que se transforman cuando cae el sol en afluentes de jolgorio, de farra y se forman unos tenderetes que le dan un sentido al Viejas Glorias inimaginable para el que no pasa la noche en este lugar. Con el silencio que siempre llevan las noches es más fácil de detectar donde hay un buen ambiente y los olores de emanan de las planchas y de los fogones ayudan aun más. Vinos, rones, y quintos ponen el resto.
Ya estoy pensando el año que viene, y como ayudante de ayudante tengo el privilegio de saber donde será la siguiente cita, si esta fue buena, la que viene será mejor. Un abrazo a todos los que estuvimos juntos ese fin de semana, espero que se repita todas las veces que se pueda y que cada vez seamos más.
Feli, gracias por acogerme en el Viejas Glorias un año más.
Saludos.
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